La vida en el
Lago Inle

El lago Inle en Myanmar es mucho más que un lago.

Pescador acróbata en el Lago Inle

Pescador acróbata en el Lago Inle

Lo primero que enamora al viajero cuando se embarca en una travesía para explorar el lago Inle es el fotogénico efecto espejo de sus aguas que, debido a su escasa profundidad de entre 2 y 6 metros, reflejan en su superficie las casas de madera, los templos y pagodas, las barcas y toda la vida que allí discurre. Acto seguido, los pescadores equilibristas de la etnia intha captan toda la atención y es que parecen acróbatas que flotan sobre las aguas del lago, colocados sobre el extremo trasero de sus pequeñas e inestables canoas de madera y valiéndose de su parsimonioso equilibrio y destreza para remar con un movimiento circular del pie a la vez que manejan las redes de pescar con las manos.

Aldea de Yawnghwe en el Lago Inle (Foto de 3coma14)

Aldea de Yawnghwe en el Lago Inle (Foto de 3coma14)

Pero más allá de su belleza natural y sus singulares pescadores, que ya lo hacen único y muy atractivo, lo más fascinante del lago Inle son sus habitantes de distintos grupos étnicos, mayormente inthas o “hijos del sol”, shan y bamar o birmanos, que dan vida y color a este plácido lago de agua dulce con sus aldeas, jardines y mercados flotantes a casi 900 metros de altura.

Jardines flotantes en el Lago Inle (Foto de Thomas Schoch)

Jardines flotantes en el Lago Inle (Foto de Thomas Schoch)

En total son más de 200 poblaciones dedicadas principalmente a la pesca y a la agricultura que viven a orillas del lago o sobre sus aguas y que crean una rica amalgama cultural que alcanza su cénit en los mercados, donde el viajero puede observar y formar parte de esta bella fusión de rostros, vestidos, costumbres, lenguas…

Recorriendo un pueblo flotante en el Lago Inle (Foto de Thomas Schoch)

Recorriendo un pueblo flotante en el Lago Inle (Foto de Thomas Schoch)

El lago Inle es de esos pocos lugares en los que parece que el reloj se detiene y que tenemos todo el tiempo del mundo a nuestra disposición. La vida fluye a un ritmo tranquilo, nadie tiene prisa, y el viajero no se cansa de contemplar y fotografiar las casas de teca soportadas por palafitos, la gran variedad de frutas y hortalizas que crecen en los sorprendentes huertos flotantes y que crean mezclando algas que recolectan en la misma superficie del lago, mezclándolas con tierra y anclándolas al fondo con estacas de bambú, y los hermosos templos budistas que reflejan su silueta en el lago como Nga Phe Kyaung o Monasterio del Gato Saltarín y la Pagoda Phaung Daw Oo.

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2019-06-28T13:07:34+02:00Magazine|
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