¿Qué tiene la antigua Birmania para que cada vez más viajeros decidan visitarla y vuelvan fascinados?

Cuando pisas Myanmar sientes que has retrocedido en el tiempo y sus templos y pagodas, sus paisajes, su sentido budismo y su gente te embriagan. El hecho de ser todavía uno de los grandes desconocidos del Sudeste Asiático, le permite mantener su singularidad y su encanto, que radican en gran parte en ser capaz de mantener sus tradiciones y costumbres tan vivas y casi inalteradas por el paso del tiempo. Hay mucho por ver y conocer en la antigua Birmania, pero si tuviéramos que destacar los diez imprescindibles de un viaje a Myanmar, serían estos.

A 240 metros de altura sobre el río Ayeryarwady y al otro lado de Mandalay, Sagaing Hill es un conjunto de 37 colinas, entre cuya verde y tupida vegetación despuntan cientos de estupas y pagodas blancas y doradas erigidas la mayoría alrededor del año 1300. Hay que subir centenares de escaleras para llegar a lo alto de la colina pero varios monasterios y templos y alguna escuela de monjes budistas amenizan el camino. Desde la Pagoda U Ponya Shin, una de las más antiguas, construida en 1312, y con un gigantesco Buda sentado, las vistas del entorno son magníficas.

Sagaing Hill, la verde colina salpicada de estupas (Foto de Guillén Pérez)

En las aldeas flotantes del Lago Inle la vida transcurre a otro ritmo y el viajero puede disfrutar de la tranquilidad y la belleza de un entorno natural único. Los Inthas, la tribu que habita el lago, se ha adaptado al medio con sus palafitos de madera de teca, sus huertos y mercados también flotantes. En el Lago Inle incluso el arte de pescar es singular y quienes lo ejercen reciben el nombre de "pescadores acróbatas", por la posición y el equilibrio que requiere remar y manejar las redes de pescar al mismo tiempo en sus pequeñas e inestables canoas de madera.

El Lago Inle y sus pescadores acróbatas

Centro de culto por excelencia del budismo birmano, la Pagoda Shwedagon, construida en el año 326, atesora algunos cabellos y otras reliquias de cuatro budas. Además, este magnífico templo dorado se erigió sobre un monte desde el cual se domina toda la ciudad de Yangón, ofreciendo unas vistas especialmente bonitas al atardecer, embellecidas por el olor a incienso y los mantras y cánticos de monjes y fieles. ¿Aún dudas de porqué es uno de los templos budistas más espectaculares y venerados del mundo?

Shwedagon, la madre de todas las pagodas
El puente U Bein en Amarapura, la ciudad de la inmortalidad

Antigua capital birmana del siglo XIX, las calles de Amarapura están hoy salpicadas del color azafrán de las túnicas de los monjes budistas. Pero sobre todo destaca por albergar el puente U Bein, el puente de teca más largo del mundo de 1,2 kilómetros y con más de 200 años de antigüedad, y el Monasterio de Mahagandayon, habitado por más de mil monjes budistas. Merece la pena sentarse un rato a orillas del lago Taung Tha Man y simplemente contemplar el vaivén de monjes que cruzan este fotogénico puente de un lado a otro.

La Kyaiktiyo Pagoda o Golden Rock es el segundo lugar más sagrado para los budistas birmanos. Cubierta de pan de oro y coronada por una estupa también dorada, esta gigantesca roca de algo más de siete metros de altura mantiene milagrosamente el equilibrio en lo alto de un acantilado, según la leyenda, gracias a un pelo de Buda. Son muchos los peregrinos que acuden hasta aquí para orar y hacer ofrendas.

La equilibrista Golden Rock (Foto de Romain Pointida)
Bagan, la ciudad de las mil pagodas

Bagan, un auténtico paraíso arqueológico en el que más de 2.000 templos, pagodas y estupas construidas entre los siglos XI y XIII evocan el esplendor perdido de un imperio pasado. La Pagoda de Shwezigon y los templos de Dhamayangyi, Ananda y Thatbyuinnyu son los máximos representantes del arte y la arquitectura de una antigua civilización que hoy en día son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sin duda, una de las más bellas y mágicas puestas de sol en Myanmar.

El Monte Popa, hogar de los espíritus nat (Foto de Go-Myanmar)

El Monte Popa es un antiguo volcán extinguido de 1.500 metros de altura, conocido por ser la casa de los espíritus nat, figuras animistas integradas en la religión budista actual. Hay que subir por una escalera de más de 700 peldaños para llegar al templo y al altar del Taungkalat, venerado por un gran número de birmanos. El esfuerzo recompensa doblemente porque las laderas del volcán, cuyo nombre significa “Montaña de Flores”, siempre están cubiertas de bonitas flores y árboles frutales, y una vez en la cima se disfruta de espléndidas vistas del lugar.

In Dein, estupas engullidas por la vegetación (Foto de Roger Price)

El recinto religioso de In Dein o Kakku es un enorme conjunto alineado de estupas alrededor de la Pagoda Shwe In Dein. Construidas entre los siglo XII y XVIII en color blanco y ocre, han sido invadidas por el musgo, las cañas de bambú y árboles centenarios, dándoles un aire decadente pero en cuyo abandono natural yace toda su magia. Al encontrarse en lo alto de una colina, también ofrece espectaculares vistas del paisaje, dominado por el Lago Inle.

La idílica playa de Ngapali

La fina y dorada arena de la hermosa playa de Ngapali busca su sitio entre las azules y prístinas aguas del Golfo de Bengala, que nada tienen que envidiar al Caribe, y la espesa vegetación local. Tres kilómetros de hermosa y tranquila playa flanqueada por palmeras y con apenas gente donde fácilmente te abstraes del mundo y te limitas a sentir la suave brisa sobre la piel. Además, a primera hora de la mañana se puede contemplar una pintoresca estampa: mujeres clasificando y limpiando el pescado que sus maridos pescadores han capturado en la misma playa.

El pueblo birmano

En Myanmar cohabitan junto a los birmanos distintas minorías étnicas, siendo las Akhá, Karen, Môn y Shan, algunas de las más conocidas y representativas. Pero más allá de las diferencias culturales que pueda haber entre estos grupos étnicos, los birmanos son un pueblo honesto, amable y sonriente, siempre dispuesto a ayudar al viajero. La comunicación y la interacción con los lugareños es parte esencial de un viaje y tiene un gran peso en el buen o mal recuerdo que nos quede del destino. En el caso de Myanmar será seguro para bien.

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