La India se deja querer como destino de viaje original. Por razones que no resultan tan evidentes y que están detrás de las emociones y de lo que dicen los sentidos.

Nunca agotaríamos todas las razones que pueden alimentar un viaje a la India real, pero tal vez estos argumentos puedan acercarle a lo que podría encontrarse en un cara a cara con el país:

Un país grande y lleno de contrastes. India es un país enorme, en muchos sentidos, pero, en el puramente geográfico, habría que sacarlo de la escala. Bueno, es más de seis veces mayor que España o 100 veces mayor que Cataluña. Y gran parte de la India es rural con muchos contrastes: la cordillera del Himalaya al norte, un extenso desierto al oeste, playas enormes y subtropicales en la zona sur y una marcada cultura tribal en las fronteras del este.

Un destino de viaje de gran valor. La India tiene fama de ofrecer grandes atractivos a mochileros y a viajeros que lo hacen en viajes espirituales low cost. Pero decir éso, fijarse sólo en éso, es no tener una perspectiva más amplia, no tener en cuenta la gran variedad de alojamientos de nivel que se reparten en las ciudades del país, pero también en las cercanías de algunos de sus atractivos turísticos.shutterstock_58069411

En la India, el problema no es el alojamiento, sino decidirse por la infinidad de buenas calidades disponibles. Alojamientos, unos, llenos del estilo constructivo y colorista del país, lugares, otros, donde tener la sensación de vivir una experiencia en palacios orientales.

Un país hospitalario. En la India se suele decir aquello de ‘Devo Bhava Athithi’, ‘el cliente es Dios’, que no es ningún eslogan comercial, es una forma de compartir lo que se tiene que está impreso en los genes de la cultura india. Es un matiz propio de la hospitalidad hindú que al contacto con sus gentes se convierte en una de las experiencias más recordadas de un viaje a India. Tanto da que vayamos a Goa o que nos alojemos en Delhi. Cambia el escenario, pero el sentimiento es el mismo.

Una experiencia vital en otro nivel. Los entusiastas de la India dicen que es un lugar al que todos deberíamos ir una vez en la vida. El choque cultural y la realidad de cada día de sus habitantes nos devuelve una perspectiva del mundo y de nuestro mundo por comparación de la que nuestra sensibilidad podrá extraer lo mejor.shutterstock_170579468

Una oportunidad para ayudar a su economía. La India es un país al que Occidente está descubriendo ahora de otra manera, especialmente por el cuidado que se ha puesto en la recuperación del medio natural, con acciones muy destacadas para salvar especies animales como el elefante indio o los tigres que han significado cambios culturales y enfoques proteccionistas que hay que aplaudir. El turismo es precisamente el que está llevando esa revolución a todo un país que quiere normalizarse como un destino de viaje original. Visitar India es apostar por esos cambios sostenibles.

Un lugar lleno de espiritualidad. Lo decíamos al comienzo de este comentario, la India se percibe desde la lejanía como un lugar al que acudir para encontrarse con la más sencilla de las creencias. Creencias que llevan unidas prácticas físicas que están en sintonía, seguro que lo sabe, yoga, meditación… Creencias y espiritualidades que salen a la calle convertidas en explosiones de color en las fiestas religiosas indias alrededor del Ganges, del Haridwar o del Varanasi. Una puesta de largo de ese sentido y de esa identidad que invitan a participar.

Historia y cultura(s) originales. La arquitectura india es un motivo más para llevarse las ganas de aventura a pie de obra. Sitios históricos, formas arquitectónicas a las que no estamosacostumbrados o colores que son el alimento visual y hastashutterstock_133472702 espiritual de los viajeros a los que les fascinan las construcciones exóticas.

Gastronomía más original aún. La comida tradicional de la India es como el mismo país, algo a lo que hay que descubrir con curiosidad de niño. Dicen que hay que estar preparados para llegar a acostumbrarse a ella, pero es más un mito insostenible que una realidad palpable. Se trata de una cocina especiada, variada, colorista y de sabores combinados sorprendentes. Enamora.

Para nada que ver con la que se sirve en los restaurantes occidentales que se dicen indios y que, en todo caso, ofrecen la serie completa de platos populares del norte. Pero, la India da para mucho más, para comérsela con platos regionales inéditos y para no llegar nunca a los postres.

Podríamos seguir hablando de la India como un lugar perfecto para hacer compras igual de originales, de cómo es un destino para los que desean aportar algo, o más, como voluntarios eventuales, o del valor de las diferencias regionales a todos los niveles, más allá de los comentados. Pero, éso, debe quedar para la sorpresa, para el momento en el que abrace a la India y lo mejor del país se lo devuelva como una inspiración vital.

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